“UNA FÁBRICA DE BOTONES”

 

Quizás haciendo un símil entre la Consejería de Educación y una Fábrica de Botones, una parte de la opinión pública podría entender mejor el trabajo docente y todo lo que ello implica. (Sólo aclarar que la fábrica de botones la he elegido por lo gráfico que puede resultar el símil, pero sin ánimo de ofender a nadie y en ningún caso a los alumnos, que son, en definitiva, a los que me debo).

Si yo heredase de mis abuelos una Fábrica de Botones y dependiese de mí un buen número de trabajadores, me sentaría con mis asesores para organizar la empresa. Empezaría por conocer la fábrica, su producción anual, la calidad del producto, el estado de la maquinaria... en definitiva, su rentabilidad. Como los asesores de los que me rodearía serían personas sensatas y conocedoras de mi industria, me aconsejarían  que en primer lugar convendría hacer una gran inversión para cambiar la maquinaria porque la existente estaría obsoleta. En segundo lugar, habría que preparar a todos los trabajadores para que conocieran su funcionamiento, aprendieran a utilizarlas y así sacarles el máximo rendimiento. En tercer lugar, dispondría de personal cualificado para solucionar al momento las posibles averías y para dar a conocer las últimas tendencias en colores, tamaños, materiales... que solicita el mercado. En cuarto lugar, tendría que revisar los horarios y sueldos de los asalariados para igualarlos al resto de los trabajadores del sector. Y por último, debería presentarme ante todos ellos para transmitirles mis buenas intenciones en cuanto al futuro de la fábrica, sabiendo que del bienestar de cada uno de ellos dependería el que mi empresa fuera competitiva: produciría muchísimo más, mis productos serían de buenísima calidad, ampliaría las ventas y por lo tanto las ganancias y, sobre todo, contaría con una plantilla de trabajadores que vendría contenta cada día, sabría cuidar de la empresa como si fuera suya, haría horas extras si fuera necesario y sería respetada y envidiada por el resto de la industria.

Si ahora analizamos lo que ha ocurrido en nuestra Fábrica de Educación observamos lo siguiente: En primer lugar, se han implantado unas cuantas Reformas educativas que no han ido acompañadas de la inversión económica necesaria para obtener los resultados previstos. En segundo lugar, no se ha preparado obligatoriamente a todos los trabajadores para poder sacarles el máximo rendimiento a dichos cambios: no han explicado cómo funcionaba la maquinaria, así es que se ha utilizado como buenamente se ha sabido y con los escasos medios que se ha tenido. En tercer lugar, no se dota a los centros del personal necesario para atender la gran diversidad de alumnos y los diferentes intereses de cada uno de ellos, para poder ofrecer una atención más individualizada, para atenderlos como necesitan, para cubrir las bajas con prontitud... Y a pesar de todo esto, los trabajadores lo siguen intentando. En cuarto lugar, no se han reconocido sus derechos salariales como les corresponde y como se les había prometido. Y por último, y volviendo con el símil, no se ha contado con una Directora de empresa que supiera transmitir positivismo y confianza a sus trabajadores, que les animara a seguir adelante, que les valorara su trabajo y compromiso diario, que comprendiera y apoyara sus reivindicaciones, sino que por el contrario los culpa de producir poco, de fabricar botones de mala calidad, del fracaso de su empresa y que encima, les quiere hacer trabajar horas extras. ¡Paradójico!

 

*Lo suscriben 29 profesores del IES Santa Ana (Candelaria, Tenerife)

 

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